Desarrollo nacional
Constructor argentino de sillas de ruedas de bajo costo

Sólidas, duraderas y con buen diseño, están realizadas en plástico y se venden en todo el mundo a un precio muchísimo menor que las demás: solamente U$S 100. Además, al resultar muy livianas, son más fáciles de manejar. Ello es así porque, si bien puede usar su producto cualquier persona, fue pensada prioritariamente para niños, con una segunda intención, que era la de combatir el analfabetismo, ya que una parte de él se debe a que los pequeños no pueden trasladarse hasta las escuelas.
“Al ver la gran capacidad de reducir costos en productos de consumo, me di cuenta de que podía usar este conocimiento y técnica en beneficio de los más necesitados”, asevera Pablo, quien reconoce haberse inspirado, como idea general, en el Plan Ceibal uruguayo, por el que se dotó a todos los niños que asistían a una escuela pública con una computadora portátil, cuyo costo fue, precisamente, de U$S 100 por unidad.
La empresa no hace caridad, sino que es una iniciativa comercial. Para mantener bajos los costos y poder vender las sillas a bajo precio, lo que hace Kaplan es buscar instituciones que las necesiten y empresas o personas que estén dispuestas a hacer donaciones. De ese modo, con pedidos de al menos 300 unidades logra que no se aumente el precio, cubrir los gastos y obtener una ganancia, teniendo en cuenta que la fábrica se halla en China y que el transporte es uno de los mayores costos.
Esta iniciativa es una muestra de que es posible ganar dinero produciendo para personas con discapacidad sin abultar las ganancias, ejemplo que debieran seguir muchos otros proveedores que están más interesados en obtener beneficios desmedidos antes que precios razonables y accesibles.
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